domingo, 22 de septiembre de 2013

Mein karussell.

Hijos de puta. Son todos unos hijos de puta. Te encontraré cabrón…                   
He vuelto a revisar los datos pero no encuentro nada. Me estoy poniendo de mala hostia.
Mis fotografías me están fallando. Las he revelado todas pero no encuentro nada que coincida con la descripción que recuerdo. Estoy seguro de que si lo veo lo reconoceré. Pero mi mente desde aquel día está borrosa igual que la mierda de fotos que saca esta mierda de réflex. Pero es lo único que tengo. Quizás, ¡si no estuvieran tan borrosas! Ahora mismo, no estoy de humor. Es tarde. Mañana le pediré a algún vecino que me preste su ordenador y a ver si con photoshop se puede hacer algo.
Que mierda de sueño, otra vez la misma escenita. Desde que aquel feriante mató a mi mujer, cada noche sueño lo mismo. Estoy cansado.
Al final, me ha dejado el ordenador. Se me había olvidado. Si no lo veo, no lo recuerdo. “Calle Place de la Mairie”, mi cicatriz del brazo hecha con una navaja. No recuerdo porqué.
Bueno, un poco más… ¡ya está! Ya no están tan borrosas, ahora las imprimiré todas.
Increíble, no me lo creo. Aquí estás. Aún no estoy preparado pero cuando lo esté, desearás no haber nacido.

22:00 PM

No consigo dormir. Estoy demasiado excitado por todo lo que he descubierto esta tarde… Además, mañana el médico me dirá si tengo que dejar de tomar las pastillas. Me pondré a leer. Mein Kampf, Adolf Hitler. Este sí que estaba loco.

04:35 AM

Otra vez la misma pesadilla. Recuerdo aquel día como si fuera ayer…
Salimos de casa felices y cogidos de la mano. Íbamos a tomar un crêpe en Montmatre. Allí charlamos, incluso hablamos de tener hijos. Salimos a dar un paseo. Estaba preciosa. Su falda blanca, su camisa marrón, sus botas con pelo de borrego y su chal oscuro. Cada vez que recuerdo su sonrisa, se me clava en el alma. Éramos felices. Muy felices. Recuerdo que aquel día reíamos, nos besábamos, recuerdo su mano acariciando mi cuello cuando nuestros labios sabían a amor…
Más tarde, me pidió que la llevara al tiovivo, decía que quería sentirse joven, y como una niña, bajaba las escaleras de la plaza a toda prisa y saltando. Una brisa de viento le levantó la falda y vergonzosa me miró de aquella tímida manera, como cuando nos conocimos. De ese día tengo una fotografía que me encanta. Aparece ella en el aire saltando el último escalón. Al fondo, la cabina y el tiovivo. Y ese hombre…
Compré dos tickets y monté con ella. Cada uno en un sitio distinto para intentar encontrarnos cuando el tiovivo giraba. Recuerdo que reía y gritaba. Y que un hombre se montó a su lado en aquel caballo. Lo último que vi fue su cabeza entre aquel barrote y aquel caballo.
Fue culpa de aquel feriante, el tiovivo falló y mi mujer quedó atrapada. No recuerdo qué paso después, solo que me desperté aquí.

11:00 PM

-          Señor Gram, ¿ha estado usted tomándose la medicación?
-          Sí doctor.
-          Bien, pues dígame qué hace aquí.
-          Estoy donde debería estar.
-          ¿Por qué?
-          Porque tengo que cuidar mi salud.
-         Perfecto. Ya está usted bien. Siga tomando la medicación. Ya puede irse.
Bien. Genial. Todo ha ido a pedir de boca. Ahora iré al lugar que tengo cicatrizado.
Aquí está. Está lloviendo. No hay nadie. Normal con lo que está cayendo y el frío que hace. El tiovivo está mojado. Y la cabina para comprar los tickets vacía. Volveré mañana.
Por fin, después de tanto tiempo, ese cabrón se va a enterar. Me vengaré por arrebatarme al amor de mi vida. Busco en la cartera, dispuesto a sacar el arma, y entonces, esa voz.
-          James,  ¿eres tú?
-          Amanda, que, que, ¿qué haces tú aquí? y, ¿por qué estás así?
-          James, tú me hiciste esto.
-          Amanda, ¿este hombre te está molestando?
-          Tú, a ti te conozco, te sentaste con mi mujer en el tiovivo aquel día.
-          James, ¿no recuerdas nada? Aquel día casi me matas. Creíste que este hombre tonteaba conmigo y se te fue la cabeza como tantas veces. Sacaste el arma y disparaste. Intentando evitar el disparo, la cabeza se me quedó enganchada y quedé parapléjica. Este hombre me salvó y ahora estoy enamorada de él. Siempre has sido muy celoso y has tenido muy mala leche, pero veo que ahora estás bien. Ya te he perdonado por esto. No fue culpa tuya sino de tus problemas psíquicos. Me alegro que estés bien y hayas conseguido salir de allí. ¿Qué has venido a hacer aquí?
-          Pe, pero, ¿¡qué!? ¡Mentira!, ¡Todo mentira! Yo no te hice esto. Fue este el imbécil que me alejó de ti y ahora que estás viva con más razón serás mía.
-          ¡James no! ¡Policía! ¡Aquí hay un loco con un arma!

02:30 AM


Hijos de puta. Son todos unos hijos de puta. Te encontraré cabrón…


1 comentario:

  1. Me parece muy original tu relato. La escena del tiovivo ha sido muy bonita ^^ (Marta Cano)

    ResponderEliminar